martes, 20 de junio de 2017

300 años no es nada.







Este año se cumplen los 500 años de la Reforma Cristiana iniciada por Lutero y 300 años de  la creación de la Masonería Moderna o especulativa  el mes de Junio de 1717.
Si leemos las constituciones de 1723, vemos que en el ánimo de aquella masonería estaba el deseo de crear una sociedad que intentara a través de la universalidad, resolver los conflictos.
Los ingleses o quizá mejor los británicos, estaban deseando resolver los problemas religiosos que tantos conflictos internos había provocado a lo largo de su historia y los masones de aquel tiempo, los creadores de la Gran Logia de Londres, rompieron con una tradición que dificultaba la paz necesaria que toda comunidad humana necesita para progresar.
Por otro lado el empuje de la ciencia y el desarrollo industrial, debió de generar los suficientes argumentos convincentes como para esta ruptura, porque 1717 fue una ruptura, podría considerarse como la refundación de una tradición que languidecía.
Esta apelación a la universalidad como método de contrarrestar el conflicto comunitario, fue también lo que permitió su éxito en la Francia ilustrada, que se tradujo en la reivindicación del laicismo con su desarrollo y la pérdida de valor del GADU en el GOF.

Una tradición según la concepción Junguiana, se mantiene en el tiempo mientras la comunidad que la mantiene, mantenga a sus miembros en contacto con sus arquetipos universales y comunes.
Quienes crearon la Gran Logia de Londres se adelantaron a la obra de Jung y su explicación de los arquetipos, pero dieron con la formulación que ha permitido a la Orden permanecer en el tiempo.

El mayor riesgo pues para ella, es que sus miembros puedan perder ese contacto con la universalidad; una masonería ideologizada o afecta a una doctrina de forma exclusivista del resto de ideas, deja de estar ligada a lo arquetípico y queda sometida a la temporalidad, a la finitud.

Una masonería que no integra la diversidad superando la particularidades exclusivistas,  se aleja de la formulación inicial y esto nos lleva a la cuestión de la pérdida del concepto GADU como el elemento que conduce hacia lo arquetípico o intemporal.

Posiblemente el reto de la masonería de cara al futuro, lo acepte o no,  tenga que ver con esta cuestión.

En cualquier caso, lo que la masonería ha sido y ha hecho hasta ahora se puede contemplar con satisfacción, sin autocomplacencia, pero el balance de los tres siglos podemos decir que es positivo, esperemos que sepa conservar la formulación correcta.



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