lunes, 5 de octubre de 2015

Wert y el exilio de la cultura.

Para quienes no conozcan la pelicula Fahrenheit 451, se trata de una historia de ciencia ficción en la que los libros están prohibidos y se les prende fuego.
Una sociedad que considera que la cultura acaba produciendo pensamiento individual y que eso es un problema para una sociedad estable.
Uno de los bomberos acabá exiliandose a un lugar en donde hay "hombres libro", personas que han memorizado cada una de ellas un libro.
Una película estupenda que junto a otras muy buenas como la Fuga de Logan, vienen a alertarnos como lo hacen novelas como Un Mundo Feliz o 1984, que vamos hacia un mundo en el que se sacrifica la libertad para vivir dentro de un orden social tirano pero protector.
La llegada al poder del Partido Popular ha significado un retroceso ideológico en España que nos ha devuelto en cuanto a la injerencia catolica en los asuntos publicos a lo peor de nuestra historia, la alergia de este gobierno a la cultura a las artes y a la filosofía, contrasta con el reforzamiento de la doctrina católico romana en las escuelas. El silencio del PSOE es también significativo.

España esta dividida sobre todo desde el siglo XIX entre un sector clerical y conservador y otro liberal y laicista, el primero quiere hacer desaparecer al segundo pero el segundo,  defiende el dercho a la libre expresión de todas las ideas, inlcuyendo la catolica.
La derecha conservadora ha sido y sigue siendo un lastre para España, sobre todo esa derecha rancia de "cerrado y sacristía" como escribió Machado. Y es que el catolisicmo ha sido y sigue siendo la causa del atraso cultural español que ha impedido y sigue impidiendo el desarrollo de este pais.
Se sorprenderán que en  regiones como Cataluña, muchas gentes quieran la independecia de España,  ¿Cómo no? Quieren salir de ese bucle que ata a España a su pasado barroco y  tenebroso. Un pais que pasea  sus virgenes de madera por las calles y expulsa a la cultura de sus centros de enseñanza, jam´s dará prosperidad a sus ciudadanos.  

En este sentido, la masonería habría de desempeñar el papel de "hombre libro" pero no solamente como un exiliado que espere a que algún día lo que está guardando pueda libremente expresarse, sino que ha de tener un papel activo en la defensa del pensamiento libre.



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