jueves, 17 de septiembre de 2015

j. k. Huysmans

j. k. Huysmans
Existen personajes, a los que su condición de artistas, le libra de ser considerados dementes, la sociedad comprende al artista al que llama excéntrico, cuando al resto de los mortales se les pondría en duda su salud mental.
Nació en París en el año en el año 1891, ganándose la vida como funcionario.
Sus primeras obras fueron una serie de prosa poética, Le Drageoir àépices (1874), prosiguió escribiendo novela naturalista, fijándose en la condición humana desde una perspectiva oscura y decadente, pesimista. Marta (1876), Les Soeurs Vatard (1879) y En ménage(1881).

Là-bas fue la novela en donde él hace un estudio acerca del Satanismo, porque este autor, tuvo una etapa en la que se sintió interesado por el aspecto siniestro del esoterismo,  de la naturaleza humana y de la realidad sobrenatural oscura.
Iniciado por Baudelaire en el Satanismo, lo muestra en algunas de sus obras, absolutamente seducido por las sombras, la lujuria es su camino de iluminación. No es extraño que un  naturalista encuentre en el satanismo una correspondencia, pues el satanista no idealiza la existencia, se limita a vivirla disfrutándola o aceptándola. La decadecia posee la  bellaza que tiene lo que es real y lo real,  es lo único que puede ser considerado como verdad, en lo decadente no hay idealización de ningún tipo y la realidad es menos engañosa, aunque también más cínica y existencialmente triste.
El satanismo que apreciamos en la obra de Huysmans es intelectual, no es la provocación grotesca o la veneración a un ser sobrenatural en el que no cree, es más bien  la idea del bien y del mal, del dolor y de la felicidad.
También en el siglo XIX se puso muy de moda todo lo relacionado con lo oculto y el espiritualismo, pero en los personajes de este novelista hay una melancolía que contamina al lector y  lo aburre, no porque sean malas sus novelas, sino porque el animo triste y decadente traspasa el papel.
 
A falta de una felicidad espiritual está el placer sensorial, pero  la pasión lujuriosa y obsesiva, jamás satisface, las sombras son crueles con sus amantes, los consume hasta vaciarles.  Es como tener sed y no saciarse, una pasión infernal, porque el infierno es el ánimo intrascendente, lo que podríamos llamar "la anti-trascendencia". El amor como emoción trascendente  no es innato al ser humano, es una emoción que procede de lo que el cristiasnimo definiría como "la  Gracia de Dios", una cualidad exógena al ser humano y que ha de ser  creada expresamente para el ser humano como un producto cultural. La ausencia de ese amor trascendente no elimina el estado de ánimo inquieto, que si es innato al ser humano, y esa inquietud puede ser desarrollada hacia un cultivo de la consciencia trascendente  o puede ser desarrollada en su sentido inverso. Una inversión que es quietud, porque solo la trascendencia es movimiento. 
Y el amor desde una perspectiva ya naturalista o satánica es una emoción condicionada, conceptos como "el bien" o "el mal", están relacionados con la felicidad que se obtiene o el dolor que se sufre.
Se cuenta de Huysmans, que aseguraba haber tenido sexo con un sucubo, incluso que en una ocasión al despertar de un sueño lujurioso, vio una extraña figura desvasnecerse.
Su conversión al catolicismo es una extraña pero lógica salida para quien renuncia al naturalismo, para alguien que quiere alejarse de las sombras que le poseen, de la seductora y destructiva ansiedad. Llegado a un punto, solo queda traspasarlo y entrar en el delirio o girar en dirección inversa y recuperar la razón.







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